El Camino de San Francisco atraviesa la Valdichiana como una línea discreta, hecha de caminos blancos, bosques, pequeños núcleos y lugares de oración. Recorrerlo significa seguir las huellas de una presencia que aquí no pertenece solo a la historia religiosa, sino también al paisaje y a la memoria de las comunidades.
Hacia Cortona, entre valle y colina
El recorrido toca Castiglion Fiorentino y sube hacia Cortona, la última gran etapa toscana antes de continuar en dirección a Umbría. A lo largo del camino cambian el aire y la luz: la llanura agrícola cede paso a las laderas del monte, a las iglesias franciscanas y a los miradores desde los que el Valdichiana se contempla en toda su extensión.
Le Celle, el corazón más recogido del viaje
La parada en las Celle di San Francesco es el momento más íntimo. El eremitorio, incrustado en la roca y atravesado por el sonido del agua, transmite el sentido profundo del camino: no la conquista de una meta, sino la posibilidad de desacelerar. Incluso quien recorre solo una parte del itinerario se lleva consigo esa misma impresión de esencialidad.